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En ese lugar.

Duermo bajo la colcha gris del invierno,
endeudado por la cicatriz de los días,
viajero pertinaz de todas las sendas
que conducen, irremediablemente,
hasta la frontera abril de tus labios.

Pero ten presente una cosa más,
estaré dónde crecen los juncos,
en el rojo mar de las amapolas
o bajo la sombra deshilachada de los almendros.

Allí dónde emigran los sueños
y amanecen desbordadas de incertidumbre
dos manos de placida calidez,
de tacto iluminado.

Y allí he de esperar que regreses
nocturna al cobijo de esta hoguera,
al manso recodo de la luz
en que habita la esperanza
y deambula sin pausa la ternura.

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