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Anima ausente.

No es necesario este invite de farándula,
ni este continuo castigo de penitencias,
el alma abandonó su prisión efímera
hace tiempo,
mucho tiempo,
cuando aún persistía la luz en la caverna
y aquel fiero animal bípedo
rastreaba las sombras en busca de su presa.

Luego,
cuando las conquistas se adueñaron del mar
y la tierra sin remedio
y el cielo se pobló de simétricos aeroplanos,
la carne emponzoñó de salivas ocres
la espalda silente del espíritu,
premonición definitiva de su fuga última,
de su extinción prematura.

Ahora,
tras el fugaz suspiro del penúltimo instante,
solo quedará la podredumbre de la sangre,
la mísera viudedad de los huesos,
la fe inmisericorde de los difuntos
y la tierra que todo lo devora y consume,
y a todo da fulgente utilidad,
eterna sepultura.

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